Lo más difícil es pensar bien.

28 Sep

Ay.

¡Qué difícil que es esto de pensar bien!

Pensar mal es mucho más sencillo. Pensar mal es embriagante porque pensar mal te protege de todos los males.

Si te atajás, si desconfiás, si condenás las cosas al fracaso, el golpe duele menos. Porque vos YA SABIAS que eso iba a terminar así y pensar mal es una especie de landing pad que protege a los que ya se cayeron bastantes veces.

La última vez que me caí (literalmente) fue el viernes pasado. Estaba subiendo dos escalones que están un poco rotos y estaba hablándole a alguien de manera bastante animada, cuando de repente pisé mal y en un milisegundo estaba con todo el cuerpo en el piso, las manos para adelante y amortiguando la caída con la mitad izquierda de mi cuerpo.

Me di cuenta que hice eso porque habiendo tenido un pasado bastante torpe en donde me caí suficientes veces y terminé con la ñata contra el piso, evidentemente aprendí a posicionar mi cuerpo para suavizar la inevitable caída de cuando en vez.

Si bien es un ejemplo muy literal, puedo decir que hago exactamente lo mismo en otros aspectos de mi vida.

Todo el tiempo me estoy desarmando y juntando las piezas para volver a empezar. Es cierto que cada vez me cansa más estar poniendo cada pieza en su lugar, como si mis sentimientos fueran piezas de LEGO.

A pesar de saber de memoria como armarme, nunca queda todo exactamente igual.

Me replanteo a menudo si vale la pena armarme y dejarme presentable para volver a salir a jugar con el riesgo de que me desarmen. Pero sentir es una fiesta. No cambiaría sentir por ninguna otra cosa. No importa cuanto me queje cada vez que tengo que poner pieza sobre pieza.

La cuestión es que no se si me conviene pensar bien. Porque pensar bien ilusiona. Pensar bien trae esperanzas. Pensar bien significa confiar. Y yo quiero confiar, pero también quiero pensar menos. 

Pensar mal te resiente. Pensar bien te hace sentir.

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A veces entender una realidad solo toma un segundo.

4 Sep

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There will never be a love affair that lasts forever. Simply because nothing does. Butterflies exist as a beautiful -yet cruel- reminder of that.

Ignorance is bliss.

23 Aug

Estaba haciendo tiempo para visitar a una amiga y como la tarde estaba linda me fui a sentar a una placita. Ahora se puso de moda enrejar ciertas partes de la plaza y en este caso, lo que era el arenero y los juegos, estaba cercado. Las cercas dividían un sector de cemento que hacía las veces de banco y yo me senté del lado de afuera de lo que era el sector arenero/juegos. Estaba leyendo un libro y escuchando una conversación ajena. De repente alguien me toca el hombro, me doy vuelta y una nena que tendría 4 años, me estaba llamando la atención desde el otro lado. Una rubiecita preciosa con ojos claros y la picardía de los niños que son felices porque su mayor preocupación es de qué sabor será el Cepita que van a merendar.

La niña me pregunta porque no estoy del otro lado y yo le dije que era porque no tenía puesta la ropa que se podía ensuciar y que del otro lado había mucha arena. Ella me contestó que ella sí tenía la ropa que se podía ensuciar. Le dije que me gustaría un día ponerme ropa para ensuciar y jugar del otro lado. Me preguntó con mucha lógica porque no me sentaba en el banquito, pero del otro lado, si la arena estaba en el piso y no en el banco. Y ahí me di cuenta de que ella era muy sabia y yo no tanto. Le cambié el tema de conversación y le pregunté si estaba bueno jugar en la plaza. Me dijo que sí y que ella había dejado los moldecitos en su casa, pero que la señora de al lado le había prestado algunos.
Y se fue corriendo a jugar. Y yo esperé un ratito más hasta que se haga lahora de ir a buscar a mi amiga. Del lado en donde no me podía ensuciar la arena.

Si lo dice Bowie, we can be heroes.

13 Aug

 

Ayer me perdí la ceremonia de clausura de los JJ.OO en vivo, pero enganché la repe tarde a la noche y eso mitigó un poco mi angustia insomne.

Me quedé con algunas sensaciones que necesitaba expulsarlas de mi cabeza y volcarlas en este espacio.

En principio, creo que queda en evidencia que Inglaterra es el PUTO AMO de la música. No digo que en otros países no haya excelentes bandas o solistas, pero la gran mayoría de la música que cambió al mundo nace en esas latitudes.
Es posible que sea una cuestión climática lo que los hace tan prolíficos o también habría que averiguar que tipo de cereales usan en el desayuno y copiarles la fórmula.

Un pequeñísimo repaso de cosas que vi y me gustaron mucho, poquito y nada:

Tengo que reconocer que la bandera del Reino Unido, la Union Jack, es una de las banderas más bellas que he visto.

Es la combinación de colores, la sobriedad en su forma, la ves y es imponente.

No estoy hablando ni de cuestiones políticas, ni territoriales, ni de Malvinas ni de invasiones. Estoy hablando del color de una bandera. Una de mis banderas preferidas supo ser la de Nueva Zelanda, que tiene la Union Jack a un costado y un par de estrellas rojas en el mismo fondo azul. Y me parecía igual de elegante e igual de bella.

Si voy a hablar estrictamente de la música, quiero destacar a Ray Davies cantando Waterloo Sunset porque fue realmente conmovedor. Para algunas cosas, no pasan los años. Cuando un material es bueno, se convierte en inoxidable y en todo caso toma las cualidades del buen vino, que mejora su sabor y su presencia en el paladar a medida que pasan los años.

Las Spice Girls me decepcionaron muchísimo. Es cierto que desde ellas no hubo otro grupo power femenino que se la bancara tanto como ellas, pero el playback y la poca onda que sentí que tenían, no me transmitieron nada. Me dejaron queriendo un auto con luces, pero tampoco se manejar, asi que…ni siquiera eso.
Solo vi cuarentonas bien mantenidas haciendo karaoke en una fiesta de divorciadas con alguna copa encima esperando a que lleguen los strippers.

Banco mil a Liam Gallagher. Lo quiero mucho. Me gusta su todo. Me agrada lo que hizo con Beady Eye…peeeeeeeeeeero….tal vez (y solo tal vez), Wonderwall no es para que la cante Liam y menos de esa manera.
Quiso insistir con su clásica pose y sus gestito con las manos para atrás, cantando y mirando con displicencia y no solo no sumó, sino que su voz y Wonderwall me hacían mucho ruido. Te quiero, Liam. Pero que hayas elegido cantar esa de Oasis solo me hizo extrañar a Noel a tu lado. Yesa no es la idea. A menos que cuando las papas quemen y entiendan que si vuelven van a ser archirecontramega millonarios, vuelvan juntos a agitar corazones con esos himnos que nos hacen llorar a todos (y todas).

FatBoy Slim fue una cosa de otro planeta. Norman Cook siempre fue dueño de mi afecto.
Siempre estoy dispuesta a ponderar las bondades de los Housemartins a todos los que quieran escucharme. Me parece que fue una banda poco valorada en su tiempo y que los pocos que la disfrutamos, sabemos que podría haber llegado mucho más lejos.

Take That me desconcertó. Nunca fui fan de ellos así que no apeló a ninguna cuestión melancólica o de recuerdos en mi interior. Me pasé toda la canción viendo si alguno de ellos era Robbie Williams porque Robbie me divierte mucho en escena. No se si me gusta su música, pero tiene un manejo y un dominio del escenario y del público que siempre es interesante para ver.

Muse es un gran destacado. El punto alto. Marca un antes y un después. Matt Bellamy tiene esa cosa de rockstar que exuda sexualidad sin importar que esté en silencio y sin emitir palabra.
Traslada esa tensión cada vez que canta o hace sonar acordes que tienen un peso, que marcan una diferencia. Todo lo que hace suena poderoso y es atractivo. Llama la atención visualmente, te entra por el oído y son pocos minutos contundentes que te dejan el cuerpo hecho un terremoto.

Me gustó mucho que hayan elegido a The Who para cerrar el show. Fue un gesto muy noble. The Who le ha dado mucho a la música inglesa y ha sentado las bases de muchas de las bandas que todos amamos hoy.
La fuerza que conservan RogerDaltrey y Pete Townshend son realmente destacables. Hicieron un set de lujo. Sonaron muy bien y se movieron para rockearla todo lo que pudieron.
Se los notaba disfrutando, se los notaba felices y realmente se merecían el honor de cerrar semejante fiesta majestuosa.
My Generation es un clásico que no va a pasar de moda nunca.

Me quedé con la sensación de siempre. La música te salva, te eleva y te dignifica. No queda ya demasiado para agregar.
Que sigan los éxitos.

 

Es más que música.

26 Jul

Toda la gente que vive en este mundo, es un montón de gente. Literalmente, un montón.
Pilitas y pilitas de individualidades hacinadas en un gran montón.
Algunas individualidades resaltan más que otras, pero no todos tienen la oportunidad de hacer cosas notorias con su propia existencia.
La música es algo complejo. De alguna manera nos nivela, pero también nos eleva.

Los que convivimos con la música en las entrañas, sabemos de imitar toques de guitarras en el aire, de agarrar palitos ficticios de batería, de sacudir nuestros pies contra el piso siguiendo un ritmo y de sacudir la cabeza como si tuviéramos la leyenda “agítese antes de usar”.

Soy una chica curiosa y por sobre todas las cosas, me gusta mirar de cerca. 

Cuando los recitales no tienen ubicaciones numeradas, trato de estar lo más cerca del escenario que pueda. Hago esto con bandas que son mis preferidas y también con bandas a las que casi no conozco y ni siquiera podría distinguir al cantante del bajista.

Generalmente en las primeras filas están los fanáticos desquiciados de la banda y también están los que van a dejar la vida por el pogo. Como si fueran los soldados de las primeras filas, saben que apenas abran fuego desde el escenario, su pecho está en juego y hay que defender esas posiciones con honor.

Tengo que reconocer que nunca estuve en un pogo pesado de una banda metalera ni nada por el estilo, pero creo que ya tengo en mi haber una decena de pogos en recitales de rock.

Depende del recital, ese pogo puede estar generado por la histeria de la gente hacia el cantante, como es el caso de lo que me pasó en el recital de Morrissey, o porque el mismo rock & roll hace que la gente se desconecte de su vida mundana y salte a los empujones para que ese día no sea lo mismo que cualquier otro día.

Acá es donde quiero detenerme. ¿Cómo es que una persona como yo, o como cualquier otra de las que participa, disfruta de meterse en ese cúmulo de gente que huele espantosa y se empuja entre ella como si se tratara de muñecos desarticulados?

Me encanta que suenen los acordes de un tema y saltar por inercia. O saltar porque si no lo hacés, una marea de gente te lleva puesta. Me encanta agarrarme del hombro de quien fuera que esté adelante.

Lo siento como una cuestión de supervivencia. En un recital todos tenemos nuestro medio metro cuadrado (aprox). A ese espacio, hay que defenderlo con la vida. Yo no soy una persona violenta y sin embargo, es muy difícil que logren correrme del espacio que elegí para ver un show. Sé como empujar, sé como hacer contrapeso, me sé defender con garra y me sé agarrar de mi mochila. Hay tanto manoseo que ya te volvés asexuado. No sabés a donde termina tu transpiración y donde empieza la de la persona de al lado. Todo huele a animal, a desesperación.

Adrenalina, excitación, inercia. Es otro mundo. Es tan otro mundo, que por eso nos atrae tanto.

Luchamos como locos para diferenciarnos del resto, pero vamos a un recital y nos encanta ser tan iguales.

Tan chivados, tan apasionados, tan gritones, tan sacados y tan humanos.

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Si no escribo es para no sentir.

21 Jul

Desde que tenemos edad suficiente para atarnos los cordones, también tenemos la edad suficiente para desatarnos los nudos de la garganta. El miedo inmoviliza. 
La mayoría de los miedos son infundados porque están basados en percepciones ficticias acerca de qué podría pasar si hacemos tal o cual cosa.

También están basados en un pasado, que generalmente nos condena.
La gente ya no sabe de entregar corazones y mucho menos sabe sobre vidas compartidas.

Canalizamos nuestra necesidad de compartir con otro vía sobre-exposición en las redes sociales. Es horrible programarte para no sentir, como si programaras un centrifugado en el lavarropas.

Sentir hace falta. El contacto hace falta. 
Preferimos entregar un cuerpo desnudo que entregar una mirada profunda. Pensamos que no pasa nada, que está bien. Que la sexualidad nos hace libres. Y no deja de ser cierto pero nada que sea realmente nuestro trasciende en ese intercambio.

Pocos se animan a dejar de ser impermeables. Lo más difícil es elegir escuchar la respiración del otro y encontrar paz en esa acción porque eso nos vulnera y nos hace humanos.

Nos hace reconocer que necesitamos de otros. Que funcionamos mejor si nos dejamos abrigar por un calor que provenga de otra persona.

No es signo de debilidad reconocernos como seres que quieren sentirse queridos, es signo de madurez.

Y después de mucho tiempo, hoy escribí.

Si escribo, es para sentir.

 

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Callá esos ojos, querida Andrea.

2 Jun

CALLÁ ESOS OJOS.

Es un grito, una súplica en mayúsculas. ¿O será un piropo?

Encontré esta pintada en San Telmo.

¿Cómo se puede ser tan resuelta en un montón de cosas y tan poco resuelta para otras tantas?

Pasan los años y nunca aprendí a entender a los corazones. Nunca pierdo la esperanza de entender corazones ajenos y sé que es un error.

Tampoco entiendo al mío, con lo cual es de esperarse que no entienda al resto.

A veces pienso que el problema es que sea tímida. Porque soy resuelta en un montón de cosas y tan poco resuelta para otras tantas.

Puedo ser la más canchera para los chistes, para la música y para mis pasiones.

Y puedo ser la más preadolescente cuando tengo que hablar con un chico que me gusta en serio.

Pero no tiene lógica que me pare adelante de completos extraños haciendo stand up todas las semanas (con toda la exposición que eso representa) y que no sepa como demostrarle a alguien que me gusta.

Y a mí me gusta la lógica. Bah, no se si me gusta, la necesito. La lógica me ordena y me hace sentir cómoda con mis pensamientos.

Pero lo más revelador de esta historia, es que finalmente entendí (noche de insomnio mediante) que no soy tímida.

O mejor dicho, la timidez que uso como escudo, es simplemente una forma de canalizar un miedo.

No quiero tener miedo a que hablen mis ojos. Porque soy transparente. No se mentir. Puedo no animarme a sentir con las palabras, pero nunca puedo dejar de sentir con los ojos.

Y no sé porque sigo mandándolos a callar cuando miro a alguien que me gusta.

Tal vez, y solo tal vez, es posible que descubrir que nos pueden pasar cosas o que somos máquinas de generar sentimientos y sensaciones en uno mismo y en los otros, nos asuste.

Me tuve que acostumbrar a lo fugaz, sabiendo que cuando las relaciones son casuales, sentir no es una opción válida. Y que si te das ese lujo, lo pagás bien pagado. Con intereses y con cotización de dolar blue.

Y convertí ese miedo a sentir en timidez. Una timidez que me anula. A la que puedo culpar cuando los resultados no son exitosos.

Nunca me tendría que haber hecho caso cuando me dije “Callá esos ojos”.